La Coctelera

TINTA VERDE

15 Septiembre 2008

Eduardo Diaz junto a Gonzalo Rojas
 
 

SIN RUMBO

 

Quedo por el resto de la vida deshojando el azul violeta

de la araña delirante húmeda en aturdimientos y recuerdos.

Anudado a la hora furiosa que golpea mi cráneo y no deja dormir,

una dura bestia chupa los gruesos bordes de la polvorienta calle

por la que ese día transitamos y los vientos se iban de bruces

carcomiendo el duro mármol del instante.

Me quedo despierto bebiendo con mis metálicos ojos el océano,

un suspiro de sangre deshoja el momento del naufragio.

 

 

SERPENS

 

 

Ofidia, ofidia, nadan destellos dentro del que soy, tus ojos

alumbrando tinieblas, habitan mis socavones que

no tienen huellas dignas de mención, apenas líneas tormentosas.

Teñido de color oscuro era el reptil

incubado en las alforjas de la pena,

de lo todo, por oleadas arenas idas

van sepultándome de angustia,

y la máscara de la alegría, es arlequín desfigurándose

en los espejos de los días.

Turbulencia de la descontentadiza, sobrepasando recuerdos

y ternezas

ligera, alada, inocente soledad ardiendo bajo el sol

del medio día, dorada de hermosa apariencia,

atrapadora hasta el ahogo entre nostálgicas mallas metálicas

de silencio.

El enorme esqueleto de la serpens fabulata

enterrada de pétalos resecos

observa irónico,

lejos,

nosotros desterrados del paraíso.

 

 

DESCALZA

 

Crujen los nocturnos pasos de la seda,

tú cuerpo, una maravillosa danza

abiertas volanderas transparentes alas de azucenas.

Despiertan tus pasos éter y cielo, torrencial movimiento.

Mi Hurí da vueltas y vueltas sonidos,

cítaras, aires del Gobi o Samarcanda,

hermosa vientre de aguas plenas

caes en mi boca desesperada.

En los muros húmedos las amapolas de

tanto que nos decimos sin decirnos,

se han marchitado.

 

 

SIN PALABRAS

 

Silencio fue el que se ha guardado, y

vaga ramillete de malignas flores silvestres en mí,

encanto de colores y placer, aroma denso,

bestia furiosa,

hace polvo espeso y mudo las palabras.

Me rodeaste como agua de mar bella mía,

galopamos al cielo entre espumas

las hojas del infierno lanzaron su metal

y puñales de miedo.

 

..

COMO NO TE VI…

 

Lo que se encuentra en la superficie mimetizada,

consciente, pálido de ceguera, y mis respiraciones agobiantes,

sonaba la soledad en la red fría depositada en un fondo de lessonia

trabeculata, solo ví ese bosque de mar, y no sentí tus palabras.

Fue todo perfumado de yodos murmurantes que dan a mi alma

una luna de mágica mar turquesa que me silbaba con gestos y

una brea cascarosa cubre el dolor para no ser visto.

No me hallaste esta noche.

 

 

 

BESTIARIO

 

IV

El candil oscurecía los gritos

de la gárgola, el desierto había caminado

hasta agotarse, ninguna gota de agua

susurraba cántico alguno,

sólo las piedras hervían de sol

y hablaban mal de la luna.

¿Recuerdas cómo nos atrapó el sudor?

 

V

Sentimos las señales del desierto

en la sangre de los cactos que

reverdecen la roca, encienden de atacamita y

son los ojos de los dinosaurios enrojeciendo

los atardeceres en los copos

de arena, haciendo madrugar la tierra.

No estamos allí donde quedó la sombra

del viejo animal.

 

VI

La llama es una estrella errante que vaga

con su carga de lana y la historia Likan Antai,

cubre con la seda del polvo que pisan

sus delgadas patas, el color del medio día

cuando hasta el cielo ruega por una gota de agua.

¿Qué lugar es este amiga mía?

Aún no logramos descifrar el significado

de las notas de ese violín que ardió para nosotros

sus notas de arena y dunas.

 

 

 

 

Escritor, Eduardo Díaz Espinoza … un pedacito de su historia.

Poeta nacido en las tierras desérticas del norte de Chile (Antofagasta 15 de septiembre de 1937) ha dedicado su vida a la creación y la poesía. Ha publicado Los Mitos derrotados (poemas), Elegía al Chango López (poemas), Pequeña Guía Literaria: Aquelarre (alquelagarre), dice que morirá leyendo y escribiendo.

Poco dado a hablar de sus méritos, este prolífico escritor ha dedicado su vida a enseñar, sentir, descubrir y desarrollar la poesía a innumerables discípulos. Incansable en su creación, certero en sus imágenes, su verso ha hecho escuela, sembrando la semilla poética en sus múltiples talleres literarios.

Maestro y amigo, gracias por la poesía y feliz cumpleaños!

 

 

 

8 Septiembre 2008

Poema rescatado de un cuaderno surrealista y oscuro guardado en el cajón de los recuerdos.

-2004-

LASTRE
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Fuiste el lastre de mi globo
aerostático
te fui soltando de sombra en
sombra, de respiro en respiro
cada vez que tu sonrisa irónica fracturaba
estas letras que soy


tres décadas entonando
ese cántico que quise ser y se
estrelló en la roca de tu pecho
día tras día
hasta quedar echo polvo


Hoy aflojo el lastre
subo, subo, subo
para quedar maltrecha
dormida en una estrella


donde ya no me alcance tu voz

©Lu

5 Septiembre 2008

El Grupo de Descentralización Poética, invita a la primera "Lectura Periferika de Descentralización", que forma parte de un ciclo de lecturas a realizarse en diversas poblaciones de Santiago, en esta ocasión, trece poetas leerán sus obras con el fin de realizar una acción contracultural, que lleve la poesía a diversos lugares, y logre aminorar la centralizacion de la actividad poética, tan presente en nuestros días.

La lectura se realizará el día sábado 13 de septiembre de 2008, a las 19:00 hrs. en
Américo Vespucio Alt 2300, pasaje Forestal sin número, Conchalí.

Participan : Marcela Saldaño, Oscar Saavedra, Elvira Hernández, Pepé Cuevas, Sebastian Baeza, Carlos Henrickson, Eli Neira, Jordi Lloret, Carla Valdés, Samuel Sarmiento, Mauricio Huenun, Mauricio Torres Paredes y Jorge Alberto Collao.

Entrada Liberada.
Esperamos contar con su asistencia.



26 Agosto 2008


El escritor chileno Efraín Barquero, seudónimo de Sergio Efrain Barahona, fue distinguido hoy como Premio Nacional de Literatura 2008.


Barquero, quien fue calificado por el jurado como un "poeta inconfundible, campesino y universal", recibirá como premio 28.000 dólares por una sola vez, además de una pensión vitalicia equivalente a 20 Unidades Tributarias Mensuales (UTM), unos 1.200 dólares.


El jurado lo integraron José Miguel Varas, último galardonado con el premio; la ministra de Educación, Mónica Jiménez; el rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez; el rector de la Universidad Católica del Norte, Misael Camus y el integrante de la Academia Chilena de la Lengua, Andrés Gallardo. Junto al nombre de Barquero sonaban como posibles ganadores Patricio Manns, Claudio Bertoni, Oscar Hahn y Delia Domínguez. Nacido en 1931, el vate está radicado en Francia, país donde estuvo exilado y trabajó desde 1975 a 1990 y donde vive una parte de su familia. Ubicada por la crítica dentro de la prolífica Generación Literaria de 1950, al igual que Enrique Lihn, Armando Uribe y Jorge Teillier, entre otros, la obra de Efraín Barquero transita por una cierta continuidad de la tradición poética que incorpora elementos propios de la lírica popular y del mundo de la poesía infantil. Fue considerado en sus inicios como el natural continuador de la línea de desarrollo poético abierta por Pablo Neruda.


Entre sus obras destacan "La compañera" (1956) y "El viento de los reinos" (1967), obra que nace de un viaje a China, y en la que el poeta realiza un notorio intento por acceder a niveles de expresión y trascendencia no totalmente presentes en su obra anterior. Tras el golpe de Estado de 1973, Barquero continuó su labor creativa en el extranjero, principalmente en Francia, país en el que escribió "A deshora" entre 1979 y 1985, y que fue publicado en Chile el año 1992, al igual que "Mujeres de oscuro" y "El viejo y el niño".

SANTIAGO DE CHILE, 25 (ANSA)

17 Agosto 2008

Con el calificativo de “escritor” a cuestas, nos sometemos a increíbles comentarios y preguntas de la gente que nos rodea. Además, aunque nadie lea, todos esperan un ejemplar de regalo, firmado por el autor.

Ocurre que le publicaron un par de libros a Fulano, de escasa repercusión en la prensa y poco movimiento en las librerías. Lo normal en estos casos. Pero desde ese minuto, aunque no lo desee, a Fulano lo sindican con un extraño mote: él pasa a formar parte de la categoría de escritor. En lo profundo de su alma, Fulano quisiera ser escritor, claro, aunque con humildad sabe que todavía es muy temprano para un bautismo así de fuerte: escritor. Eso quema.

Sin embargo, ya le dicen escritor en el edificio donde vive, porque lo vieron en esa breve crónica del diario. Y ahora cada vez que se le solicita una opinión en la prensa para cualquier tópico –maletín literario, premio nacional, feria del libro- indefectiblemente se lo presenta como escritor. Y eso da susto.

Lo peor, no obstante, es cuando el pobre individuo cae en una fiestecita ajena, casi siempre con un conocido del barrio alto que de inmediato presenta a Fulano como “mi amigo el escritor”. Ahí comienzan los comentarios extravagantes que Fulano debe aguantar cerveza en mano: “Así que tú eres el escritor. Qué lata eso de leer ¿ah?”. Luego se le acerca un profesional joven, tal vez un ingeniero, que remata: “No, eso sí que no: yo no leo libros”. Y todavía le restaba un corolario: “En mi casa creo que hay un libro. No estoy seguro”.

Aquellos sujetos ajenos a la lectura son, paradójicamente, los más inofensivos, porque después asoman los que creen saber algo de escritores. “Y usted escribe sus libros?”, suelen preguntarme en cócteles, y no como si fuese parte de una reflexión filosófica profunda, apelando a la tesis de que nadie escribe libros sino que cada uno se apropia de un pequeño fragmento del gran texto que es la literatura universal. No va por ahí, porque el siguiente comentario es harto más terrenal: “¿De qué se tratan sus libros? A ver, cuente uno, pero cortito”.

Al pobre fulano lo acosan hasta en el ascensor del edificio con interrogantes que van pegadas al saludo de cortesía: “Buenos días, ¿esta escribiendo algún otro libro?, ¿cuándo sale?”, le dicen. Y cómo va a explicar uno en escasos segundos que la literatura es compleja, que se escribe un poco todos los días, casi como un hábito de supervivencia, pero que podrían pasar lustros antes de ver aquello como un producto final en un libro de papel. Entonces, para no ser rotos, se aplican respuestas también de cortesía, pero llenas de vaguedad: “Estoy en eso, ja, ja, siempre estoy escribiendo alguna cosita poca, gracias, buenas tardes”.

Así pasan los días, y el triste Fulano se pregunta cuándo le llegarán los dividendos anexos a la literatura que le prometieron, como si fuera una estrella de rock y no un insignificante escritor de un país de provincia. Sólo recibe señales equivocadas. Así me ocurrió aquella vez en que estuve invitado a un casorio, en donde obviamente me presentaron como escritor, y la chiquilla del lado en la mesa encendió la cara: “Yo quiero ser personaje de un libro suyo, ¿qué hay que hacer? Uy, cómo explicarle a esa niña preciosa, de labios inmensos y escote generoso, los alcances metafísicos y carnales de una solicitud así, cuando no deja de abrazar a su marido que, como si leyese mis pensamientos, me mira con ojos de tirria y desprecio.

Fulano se halla todavía lejos de ganarse la vida con los libros que escribe, y lo más probable es que no lo conseguirá nunca. Aún así debe enfrentar la otra desgracia de que lo consideren escritor: todos sus amigos y conocidos de la pega, desde el conserje hasta el jefe, esperan que el señor escritor les regale un libro. Y creen que eso es lo normal, obvio: un ejemplar obsequiado y firmado por el escritor. “Estoy esperando el libro”, me decía un bacalao despreciable que alguna vez fue mi jefe. He debido regalar mis libros a destajo, qué desperdicio, y los únicos de voluntad propia son los dirigidos a señoritas jóvenes y espigadas como culebras, las que naturalmente no comprendieron el mensaje.

Con este afán de que a uno lo paseen como el amigo escritor, podemos caer en afiebradas pesadillas, como una vez en que me presentaron a una señorita que se obnubiló ante mí: “¿Escritor? En serio? Yo soy poeta, tengo varios cuadernos de poesía, los traigo en mi cartera y podría leérselos ahora mismo. Busquemos un asiento”. Para esos casos, recomiendo saltar por la ventana y apurar la otra variante, el mote que ya no nos puede alcanzar ni provocar vergüenza: escritor póstumo.

Por Tito Matamala. Periodista y escritor, autor de Pubis y otras obsesiones.
Letras/Tendencias- La Tercera Cultura.

10 Agosto 2008

Rusia 11.12.1918 - 03.08.2008

Como en la última etapa de su vida se dedicó a lanzar fulminaciones bíblicas contra la decadencia de Occidente y a defender un nacionalismo ruso sustentado en la tradición y el cristianismo ortodoxo, se había vuelto una figura incómoda, hasta antipática, y ya casi no se hablaba de él. Ahora que, a sus 89 años, un ataque cardíaco acabó con su vida, se puede formular un juicio más sereno sobre este intelectual y profeta moderno, acaso el escritor que más tumultos y controversias haya provocado en todo el siglo veinte.
Digamos, ante todo, que su corazón resistiera 89 años las indescriptibles penalidades que debió afrontar -la guerra mundial contra el fascismo, las torturas y el confinamiento de tantos años en los campos de exterminio soviético, el cáncer, el exilio de otros tantos años en el páramo siberiano, la persecución y la censura, las campañas de calumnia y descrédito, la expulsión deshonrosa y la privación de la ciudadanía, el secuestro de sus manuscritos, etcétera- es un milagro de la voluntad imponiéndose a la carne miserable, una prueba inequívoca de que aquella potencia del espíritu para sobreponerse a la adversidad no es sólo patrimonio de los héroes epónimos que glorifican las religiones e inventan las sagas y los cantares de gesta, pues encarna a veces, de siglo en siglo, en alguna figura tan terrestre y perecedera como el común de los mortales.


No fue un gran creador, como lo fueron sus compatriotas Tolstoi y Dostoievski, pero su obra durará tanto o más que la de ellos y que la de cualquier otro escritor de su tiempo como el más desgarrado e intenso testimonio sobre los desvaríos ideológicos y los horrores totalitarios del Siglo XX, las injusticias y crímenes colectivos de los que fueron víctimas entre treinta y cuarenta millones de personas, una cifra tan enorme que vuelve abstracto y casi desvanece en su gigantismo astral lo que fue el miedo cerval, el dolor inconmensurable, la humillación y los tormentos psicológicos y corporales que precedieron y acompañaron el exterminio de esa humanidad por la demencia despótica de Stalin y del sistema que le permitió convertirse en uno de los más crueles genocidas de toda la historia.


Archipiélago Gulag es mucho más que una obra maestra: es una demostración de que, aun en medio de la barbarie y el salvajismo más irracionales, lo que hay de noble y digno en el ser humano puede sobrevivir, defenderse, testimoniar y protestar. Que siempre es posible resistir al imperio del mal y que si esa llamita de decencia y limpieza moral no se apaga a la larga termina por prevalecer contra el fanatismo y la locura autoritaria.


No es un libro fácil de leer, porque es denso, prolijo y repetitivo, y porque desde sus primeras páginas una asfixia se apodera del lector, una terrible desmoralización por la suciedad moral y la estupidez que anima los crímenes políticos, las torturas, las delaciones, los extremos de ignominia en que verdugos y víctimas se confunden, el miedo convertido en el aire que se respira, con el que hombres y mujeres se acuestan y se levantan, y los recursos ilimitados de la imaginación dogmática para multiplicar y refinar la crueldad. Todo aquello viene hasta nosotros a través de la literatura, pero no es literatura, es vida vivida o mejor dicho padecida año tras año, día a día, en el desamparo y la ignorancia totales, sin la menor esperanza de que algo o alguien venga por fin a poner punto final a semejante agonía.


¿De dónde sacó fuerzas este hombre del común, oscuro matemático, para resistir todo aquello y, una vez salido del infierno, volver a él y dedicar el resto de su vida a reconstruirlo, documentarlo y contarlo con minuciosa prolijidad, sin olvidar una sola vileza, maldad, pequeñez o inmundicia, para que el resto del mundo se enterara de lo que es vivir en el horror?


Había en Solzhenitsin algo de esa estofa de la que estuvieron hechos esos profetas del Antiguo Testamento a los que hasta en su físico terminó por parecerse: una convicción granítica que lo defendía contra el sufrimiento, un amor a la verdad y a la libertad que lo hacían invulnerable a toda forma de abdicación o de chantaje. Fue uno de esos seres incorruptibles que nos asustan porque su sola existencia delata nuestras debilidades. Cuando las circunstancias lo obligaron a dejar su amado país -porque lo increíble es que amó siempre a Rusia con la inocencia y la terquedad de un niño, pese a todas las pruebas que su país le infligió- creyó que, en el mundo occidental al que llegaba, iba a ver confirmado todo aquello con lo que, en el aislamiento del gulag y la tundra siberiana, había soñado: una sociedad donde la libertad fuera tan grande como la responsabilidad de los ciudadanos, donde el espíritu prevalecía sobre la materia, la cultura domesticaba los instintos y la religión humanizaba al individuo y fomentaba la solidaridad y la conducta moral.


Como esa visión del Occidente era tan ingenua como su patriotismo, el espectáculo con el que se encontró le causó una decepción de la que nunca se curó: ¿para eso les servía la libertad y la democracia a las privilegiadas gentes del Occidente? ¿Para acumular riquezas y derrocharlas en la frivolidad, el lujo, el hedonismo y la sensualidad? ¿Para fomentar el cinismo, el egoísmo, el materialismo, para dar la espalda a la moral, al espíritu, para ignorar los peligros que amenazaban esos valores cívicos, políticos y morales que habían traído la prosperidad, la legalidad y el poderío al Occidente? Desde entonces comenzó a tronar, con acento olímpico, contra la degeneración moral y política de las sociedades occidentales y a encasillarse en esa idea -utópica- de que Rusia era distinta, de que en ella, a pesar del comunismo, y tal vez debido a esos ochenta años de expiación política y social, podía venir, con la caída del régimen soviético, ese ideal que combinara el nacionalismo y la democracia, la vida espiritual y el progreso material, la tradición y la modernidad, la cultura y la fe. Lo extraordinario es que, en los años finales de su vida, Solzhenitsin identificara semejante utopía con el autoritarismo de Vladimir Putin y legitimara con su enorme prestigio moral al nuevo autócrata de Rusia y callara sus desafueros, sus recortes a la libertad, sus atropellos políticos y sus matonerías internacionales.


Ahora bien, que se equivocara en esto no rebaja en modo alguno la extraordinaria hazaña política e intelectual que fue la suya: emerger del infierno concentracionario para contarlo y denunciarlo, en unos libros cuya fuerza documental y moral no tienen paralelo en la historia moderna, unos libros sobre los que habrá siempre que volver para recordar que la civilización es una delgada película que puede quebrarse con facilidad y precipitar de nuevo a un país en el infierno del oscurantismo y la crueldad, que la libertad, una conquista tan preciosa, es una llamita que, si dejamos que se apague, estalla una violencia que supera todas las peores pesadillas que han pintado los grandes visionarios de la maldad humana, los horrores dantescos, las atrocidades del Bosco o de Goya, las fantasías sadomasoquistas del divino marqués. Archipiélago Gulag mostró que, tratándose de crueldad, el fanatismo político puede producir peores monstruosidades que el delirio perverso de los artistas.


Yo nunca lo conocí en persona, pero estuve cerca de él, en Cavendish, el pueblecito del estado de Vermont, en Estados Unidos, donde vivió de 1976 a 1994, en el exilio. «Vale la pena que vayas allá sólo para que veas cómo lo cuidan los vecinos», me había dicho mi amigo Daniel Rondeau, uno de los pocos que consiguió cruzar la casita-fortaleza en que vivía encerrado, escribiendo. Fui, en efecto, y pregunté por él a la primera persona que encontré, una señora que abría a paladas un caminito entre la nieve. «No quiero molestar al señor Solzhenitsin», le dije, «sólo ver su casa de lejos. ¿Me puede indicar dónde está?» Sus indicaciones me llevaron al borde de un abismo. Pregunté a tres o cuatro personas más y todas me engañaron y desviaron de la misma manera. Por fin, un bodeguero me confesó la verdad: «Nadie en la vecindad le mostrará la casa del señor Solzhenitsin. El no quiere que lo molesten y nosotros en el pueblo nos encargamos de que sea así. Lo mejor que puede usted hacer ahora es irse». Estoy seguro que todas las banderas de las casas del bello pueblecito nevado de Cavendish flotan hoy día a media asta.

MARIO VARGAS LLOSA 2008

http://www.aguasdigital.com/lasplumas/vargasllosa.php?idnota=4672

2 Agosto 2008

Este miércoles, a las 11 horas, la poeta recibirá de manos de la Presidenta Michelle Bachelet el Premio Iberoamericano Pablo Neruda con el que por primera vez en sus cinco versiones se reconoce el trabajo de un chileno. Y eso no es todo: original e inclasificable, la autora también postula al Premio Nacional de Literatura.

María Teresa Cárdenas – 27.07.08 (Emol.com)

"Estoy recuperando un poco de historia, ¿no?", se interrumpe a sí misma, mientras surgen de manera fragmentada y dispersa las vivencias, las imágenes, las personas, los lugares. "Porque la memoria no es algo fijo, va y viene, es un raconto y cada cual hace su recuerdo", afirma. Los restos de cigarrillos se acumulan en el cenicero, pide otro café y por la ventana abierta de su departamento en Plaza Italia se cuela un rumor lejano y constante, un mar de cantos, bocinas y gritos. El mismo que ella acoge en sus textos y poemas y que, cuando la realidad urbana la supera, cambia por el mar que ve desde su casa de Las Cruces. De ventanas y mente abiertas, Carmen Berenguer (Santiago, 1946), también llamada Emperatriz -su primer nombre, no un seudónimo-, es uno de los productos más atípicos de nuestra literatura.

Bobby Sands desfallece en el muro, Huellas de siglo, A media asta, escritos en los años ochenta -y reunidos en el volumen La gran hablada (Cuarto Propio), así como sus posteriores Sayal de pieles (Francisco Zegers Editor), Naciste pintada (Cuarto Propio) y mama Marx (Lom), dan fe de "su audacia en el tratamiento del lenguaje" y de "una mirada diferente sobre las violencias y contradicciones contemporáneas", algunas de las razones por las que en marzo obtuvo el premio que este miércoles recibirá en el Palacio de la Moneda. Un premio que lleva el nombre de Neruda, es de alcance iberoamericano y por primera vez se entrega a una poeta chilena.

-¿Cuál de estos tres aspectos es para ti más relevante?

-El conjunto ha sido enjundioso, es Pablo Neruda el gran poeta clásico de la lengua castiza y esplendente, aun cuando he problematizado la figura provinciana que se hace del vate en Chile. Por otro lado, como no me gusta el chovinismo y tampoco quiero ser majadera, es importante que lo haya obtenido una poeta, porque sirve para corregir el silencio socarrón del machismo nacional y las ausencias de mujeres en la literatura, ya insoportables en este siglo XXI. Y además, nada me ha sido regalado.

-Cuando te comunicaron el premio dijiste que te lo merecías, ¿en qué pensaste entonces?

-Mis quince minutos de fama (se ríe). Yo soy una persona bastante descreída, me cargan los embelecos, me cargan los arrumacos, todas esas cosas las encuentro falsas; por supuesto que no soy moralista frente a eso y no exijo un purismo. En ese sentido, fue una humorada. Y por otro lado, también por esa pacatería nacional, con esa falsa modestia, esa humildad. Imagínate, la frase era de una publicidad para el pelo. Es bueno tener humor, tú no puedes ser una persona todo el tiempo tan seria y revestirte de esa gravedad con la cual aquí acostumbran a ver al poeta. Si hoy día el poeta es un pobre diablo, que apenas subsiste. Hay preocupación por el objeto en el arte, el objeto como mercancía. Entonces, ¿qué puede la poesía? ¿Escribir poesía es qué? Los premios son buenos, maravillosos; tampoco voy a ser una desagradecida. Los premios hacen que otra gente te lea, tal vez amplían lecturas sobre tu trabajo.

-¿Cómo te descubriste poeta?

-Creo que fue la conciencia que tuve de un recuerdo de infancia, y que luego se manifestó en la juventud cuando escribí aquello que no podía comunicar por otros medios. Pienso además que veía el mundo al revés, no pretendo decir con esto que mi asma y mi dislexia sean una exégesis literaria.

-¿Qué representa tu nombre Emperatriz?

-Ese nombre se mantuvo suspendido porque nadie podía pronunciarlo bien, lo que me indicaba que no querían decirlo, y un día Francisco Casas lo ficcionó en su libro Yo Yegua. Fue el nombre de la cantante Emperatriz Carvajal; tal vez esos nombres se usaron en el siglo pasado. Yo recuerdo a la Imperio Argentina, o La Martirio o La Pasionaria, eran nombres rimbombantes. Pero es tan simple como que me lo puso mi madre porque su gran amiga se llamaba Emperatriz. Y para terminar el cuento, ese nombre me hizo inventar mil nombres para mí.

Casada "toda una vida" con el científico Carlos Jerez, en 1969 lo acompañó a hacer un doctorado en Iowa City. Fue su primer viaje a Estados Unidos. El segundo, también por estudios de su marido, y para "arrancar del horror de Chile", fue en 1979, a Nueva Jersey. "Cruzaba el Hudson a través del Lincoln Tunnel y llegaba a Nueva York. Ahí estuve muy ligada al exilio chileno", recuerda. A fines de los 90 el motivo fue literario y viajó apoyada por la beca Guggenheim. El resultado fue Naciste pintada, un libro de prosa, dividido en tres partes.

-¿Qué ha significado para tu trabajo con el lenguaje compartir la vida con un científico?

-¡Uf! Creo que podría doctorarme en ciencias. La fascinación por el conocimiento de la vida orgánica y su lenguaje completamente desconocido del abecedario de la lectura del cuerpo, es decir, el genoma humano. El ADN recombinante implica una mutación del lenguaje, y la tercera ley de la termodinámica, en mi locura hice una analogía con el grado cero de la escritura. Todo un mundo que tenía que explicarse; al mismo tiempo imaginar esas combinaciones en unas bacterias esquizoides que viven en los límites y que se llaman extremófilos. ¡Extravagante!, ¿no?

-En "Naciste pintada" recorres Valparaíso con algunos poetas y con Brenda, una prostituta. ¿Siempre ha existido en ti esa apertura hacia los mundos desconocidos y marginales?

-Yo creo que todo surge, para ser un poquito lárica, del momento en que tú vives, dónde naces. Eso también forma parte de la cultura y es lo que yo generalmente integro en mis libros. Voy integrando fragmentos míos, de vivencias y de lecturas. Mi madre fue dueña de pensión, en uno de esos momentos trágicos de las mujeres que tienen que ganarse la vida. Eso me dio la oportunidad de conocer muchos personajes. Una vez llegó una mujer que se llamaba la Bella Estrella; ¿tú te puedes imaginar que alguien se llame de esa manera? Era detective y contaba cómo se disfrazaba para capturar monreros, cogoteros. Yo era adolescente, y escuchaba esas fascinantes historias de la vida real. Por otro lado, llegaban estudiantes, chicos de clase media, que venían a estudiar a Santiago a las universidades. Esos mundos estaban ahí, como los describe también Donoso, y lo hace espectacularmente.

-Hay bastante alusión a José Donoso en ese libro. ¿Qué relación tuviste con su literatura?

-En Estados Unidos me leí prácticamente todo el boom latinoamericano a una edad bastante juvenil, no tenía mucha otra cosa que hacer más que cuidar a mis hijos y leer.

-¿Qué otros textos o autores fueron importantes en tu formación literaria?

-Góngora en toda su diversidad, y sobre todo la relación entre lo culto y lo popular en su poesía; La escritura de Raimundo Contreras, de Pablo de Rokha, me dio el pase a la vanguardia; Cantoral, de Winett de Rokha, la relación entre la poesía y lo político; la palabra en la garganta y lo mujeril de Gabriela Mistral; la renovación del lenguaje en Huidobro; Canto General, de Pablo Neruda; el cut-up de Kerouac; Patriarchal Poetry, de Gertrude Stein, en fin, cada autor, cada verso, metáfora, forma en la que se queda afectada, como Paseo Ahumada, de Enrique Lihn; Ciudad, de Gonzalo Millán en los 80. Los Náufragos, de Dulce María Loynaz; Nunca más, de Sábato...

-¿También te formaste con la música, el cine?

-Todo el cine de posguerra europeo, el neorrealismo italiano lo vi haciendo la cimarra en el cine Toesca; le decían el Liceo Toesca. Todos los días veo cine de los 50, 60. La música es parte constitutiva en mi poesía, y forma parte de mi registro auditivo toda la música; en mi adolescencia, el rock fue locura junto al bolero y la ranchera, luego Violeta Parra y Víctor Jara fueron mis ídolos en los 70, junto a Bob Dyland y Lou Reed, folk-rock, el blues, los fados, el cante jondo. De Chile me gustaban "Las panteras negras". Haría un libro de la música que me importa.

-¿Con qué grupos literarios te relacionaste en tus inicios, en los ochenta?

-Como siempre fui una chica inquieta, y venía con una historia fuerte detrás porque me había perseguido la Dina, CNI en ese tiempo, me aconsejaron que fuera al taller literario que se había abierto en la Sociedad de Escritores de Chile. Estaba Sánchez Latorre, y era como un campo de lucha por la libertad de expresión. Se hacía una política chica, la mayoría eran seudopoetas, incluyéndome; todos estábamos ahí por alguna razón de escape, pero fue importante para mí. Era un taller de desesperados.

En ese contexto publica su primer libro, Bobby Sands desfallece en el muro, tomando la figura del preso irlandés que muere tras una huelga de hambre. Recurre al graffiti para expresar el delirio del personaje, y a través de él habla también de la realidad chilena.

-Hay alguien que está escribiendo en la pared, desesperado. A mí me sirve mucho la ciencia y leí un libro de medicina para saber qué ocurría cuando se moría de hambre, cuál era el proceso. Y ahí, justamente, decía que había momentos de pérdida de la razón, delirio. Y claro, ese fue el sentido del libro, dar esa idea de muerte por hambre. Pero también del hambre en general, del hambre de libertad, de muchas cosas.

-En los tiempos de la dictadura te definías como activista cultural, ¿cómo te defines hoy?

-Igual, sólo que ahora lo hago en forma más reflexiva, no salgo a la calle, porque estoy más vieja, pero apoyo a los estudiantes, a los pingüinos, a esta chica Elena Varela, que está detenida, a la dignidad del pueblo mapuche. A esas cosas siempre voy a estar atenta. Siempre sigo preocupada por lo que me rodea.

"Este premio sirve para corregir el silencio socarrón del machismo nacional y las ausencias de mujeres en la literatura".

20 Julio 2008

En el adiós

Soy una mirada que vuela

hacia las blancas montañas perdidas

en la noche de la higuera.

Busco

y no encuentro la sal

de esa lágrima que se

esculpió en el mármol de tus ojos

cuando llegaba aquel invierno.

De tu rostro se descolgó un rictus

seco y denso

como un plomo

y supe que era

el último gesto

quebrado como una lápida

en el adiós.

©Lu

Sobre TINTA VERDE

Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones. Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también. Ya nos vemos! Lu Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú Monedas - Armando Rubio "Engominado, pulcro, penetro en las iglesias altivamente cirio con mi cara de hostia dominguera. Y me arrodillo, y me confieso, y me persigno, y regreso a la calle para comprar barquillos con monedas hurtadas al abuelo." ......................................

Itinerario, directorio cultural de Hispanoamérica

............................. ........................... Variations From Rossinis - Paganini