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ORDENANZA DE PÁJAROS

Los pájaros no deben
robar trigo del Granero Central.
Tendrán que respetar un horario de canto
y por ningún motivo
tomarán gusano en huerto ajeno u heredad.

Les queda prohibido fornicarse
a las catitas de familia,
y los gorriones cuidarse deberán
de andar degenerándole el canto a los canarios.

Se multará además:
Ensuciarse en el vuelo
o pararse en el cañón de la escopeta
de nuestros cazadores de Dimange.

Deberán callarse el pico cuando toca el Orfeón
del Honorable Cuerpo de Carabineros,
y no podrán cagarse en la campana de la iglesia
o en el sombrero de la Presidenta de la Junta Vecinal.

Ni hacerle la mamola a nuestro Alcalde
cuando duerme en la Plazuela,
ni pararse en la Rueda del Progreso del Rotary Club.

Pagarán con su vida los que vuelen
en bandadas por el cielo patrio
dejando caer plumas por descuido
o instalando nidos proletarios
en los aleros de la ciudad.

Por último, se notifica:
que la loica de pecho colorado
será exterminada sin cuartel,
y condenados a la brasa, el cuco,
el pájaro carbonero, el escribano
y la alondra común.

Que desplumadas vivas
serán las aves migratorias
que volvieran a batir sus alas
sobre el territorio nacional.

De otro modo sería caótica la vida
en nuestro "cielo azulado"
al que "puras brisas lo cruzan también."

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MODESTÍSÍMA PROPOSICIÓN

No el pan, eso está visto,
no podemos compartir el pan.

Tendremos en cambio compartir el hambre.

¿No habrá una medida que permita saber
cuánto nos toca por cabeza,
en grados de desesperación,
en decibeles de angustia?

Se puede medir la lluvia de los días,
decir: han caído tantos centímetros cúbicos...
Medir un huracán desenfrenado,
o la altura del mar.
¿Por qué entonces no medir un día, un mes, un año,
toda una vida en lágrimas contadas?

Quizás crear un banco que emita billetes
con la faz del hambre,
o pequeñas cuentas de vidrio frío,
como lágrimas duras,
convertibles al hambre conforme a la ley.
Así diremos con toda propiedad
este año cayeron tantas unidades
sobre la tierra seca.
(Las computadoras nos darán la cifra exacta).

Así repartiremos kilómetros cuadrados de hambre,
días, semanas, años de hambre.
Nos haremos collares de translúcidas perlas.
Llenaremos fuentes, cofres
rebosantes de cuarzo cristalino.
Piezas colmadas de gemas transparentes.
Desbordantes de llanto empedernido.

¡Oh, que inflación!
!Que derrame!
Los bancos abrirán sus arcas
repartiendo el caudal a manos llenas,
incapaces ya de contener
las joyas ecuménicas del hambre.

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NO CAMERON, NO ESCRIBO POCO

No Cameron, no escribo poco,
emborrono centenares de cuartillas,
mas condeno a la llama el verso tosco.
(El fuego inmola y allí mis versos brillan.

Mas no debía dejarme ni una línea
sin sufrir el flamígero castigo.
Que después de todo
Cameron, querido amigo,

igual lo que arde y lo que absuelvo,
la traidora errata
y lo florido

se ha de comer el polvo,
o el diente alevoso de la rata,
dos maneras semejantes del olvido.

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CANCIÓN

Quiéreme la mitad de lo que yo te quiero,
que si yo tuviera la mitad del oro
que tiene el City Bank
aún tendría un gran tesoro.

Quiéreme menos
de lo que te adoro,
no hasta el horizonte, no tan lejos,
sólo la mitad de lo que yo me muero.

Quiéreme tres colores
del arco iris,
quiéreme la mitad de mis amores.

No me quieras toda la vida,
quiéreme sólo
la no vivida.

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Revista Ciber Humanitatis Nº 44 – Universidad de Chile