
Me dejo caer de la cama, la noche había buscado ya el lugar secreto donde suele esconderse al llegar el día. Nerviosamente y un tanto dispersa busco unos papeles, tres carillas, que dejaste en mis manos, donde quedó escrito tu amor. Sentí tu mejilla tan dulce junto a la mía, tan suave y tibia. Como un dios, me hablabas con ternura de tus sentimientos y yo… me quedé asida a tus brazos, un refugio fugaz, como ese recuerdo primero que se tiene de la madre antes de nacer, del nido abrigador, protector de las miserias del mundo, lejos de egoísmos y dolores. Por un instante mi soledad se tornó lejana y desconocida; abiertas las fronteras de lo imposible, viví ese estado ideal, pocas veces experimentado, en que a salvo de todo, mi alma palpaba el amor en su estado más puro. ------------------ Las carillas no están, las busco desesperadamente y lloro, lloro por ese sueño que, como el más efímero, nació y murió una mañana de abril.
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©Leia Paz


Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones.
Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también.
Ya nos vemos!
Lu
Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú
Monedas - Armando Rubio
"Engominado, pulcro,
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera.
Y me arrodillo,
y me confieso, y me persigno,
y regreso a la calle
para comprar barquillos
con monedas hurtadas al abuelo."
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Sin susurro alguno, el vuelo se dio para no volver,
pluma a pluma cayeron las alas.
No obedeció la mano para volver al texto,
gozamos un paraíso momentáneo,
un aire enrarecido, caricia y labios
se funden, afecto y palabra lo que quedó.
Ese vago inolvidable sueño.