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PARA QUÉ DESTRUIR CON PALABRAS


Vociferas una sola mirada


y rompes mi vida.


Tus residuos agresivos

queman poco a poco


mis fuerzas.

Ya no creo en la ilusión


de los contrarios.

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EL DEVENIR DE LA CALLE


Abierta a los azares

del encuentro


con los desconocidos de siempre,


deambulo por la calle


sin tiempo de llegada

ni puntos por alcanzar.


La esquina vulnerable


vuelve mis pasos,


las huellas no lo olvidaron.

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PALABRAS QUE MUEREN


Escucho los rumores de aquellas palabras vivas

prontas a perderse

en la bruma del desuso.

Intentan devorar la mudez del canto poseído poseído,

pero una marejada de voces disímiles

enturbia los diseños y acalla el lamento

de los verbos que se borran poco a poco,

como el color de los grafittis.

Los retazos de memoria clandestina

ruedan en todas direcciones,

sin que nadie los rescate:

quedan en la sombra el sonido del violín,

de la chaucha y el carey;

atrapados en un diccionario viejo

el tintero, la botica y las polainas

pasan a ser sólo ruidos apagados

en el lápiz y la garganta.

Aprieto sílabas y silencios,

ya no serán de mi boca,

les dejo ir.


EN LA BALANZA



Aunque la porción

de mis tristezas

pesa más que

la ecuación de las sonrisas,

salgo a esperar

el equilibrio de la balanza.

De un salto hacia adentro

escribo el punto final

a cada instante,

para ser varias veces feliz.


María Beatriz Ortiz (Santiago - Chile - 2007)