Iba a comenzar por decir "no se por qué a veces", pero, se muy bien por qué a veces quisiera estar frente al mar haciendo nada, sólo observando el azul y el eterno movimiento del agua, o estar en un campo mirando las flores silvestres, acariciando las briznas de pasto o en la montaña, en los cajones cordilleranos, admirando la grandeza de la madre natura.

La ciudad, esta ciudad en particular, Santiago, aplasta, enerva, ruge la city como un animal salvaje, las gentes poco amables, la celeridad, la poca amabilidad, la maraña incierta, es una selva en que sobrevive el que da mas codazos o el que empuja con más brusquedad por decirlo de una forma amable.

Vuelvo los ojos y el alma hacia el pretérito, recuerdo las ovejas, son copos de algodón en los cerros camino a Doñihue, el tren con su monotonía nos adormece dulcemente, se desliza lento con un canto de rieles y durmientes, las vacaciones en el campo abren un futuro especial en nuestras ansias de niños citadinos.

Escalar cerros, estirar la mano y alcanzar los duraznos, dar de comer a las aves, observar el corral de los chanchos que engullen con gusto esos meloncitos pequeños -melones chancheros- que nos encargábamos de proveer. Todo era descubrir. Tiqui tiqui tiiiii y las gallinas y patos corren para recibir el maiz que tiramos a diestra y siniestra en un juego mágico, lo rural es paraíso para los infantes de la ciudad.

De madrugada, tomamos los morrales y emprendemos camino hacia el cerro El Cólera, lo cubre un pasto amarillo y liso como una alfombra. El ascenso, lleno de emoción, nuestro Everest, sudamos, contentos por el esfuerzo, nos queda poco para llegar a la cima. El que llega primero tendrá el honor de hundir una varilla con un pañuelo blanco a modo de bandera.

Sentados en una piedra, abrimos nuestros morrales, sacamos panes, frutas, botellas con agua y un elemento, el más importante: un espejo para hacer señales a nuestros tios y padres que esperan en la casa lejana el mudo reflejo del triunfo.



Magia, evocación, pequeños grandes sueños, tíos que ya no están, primos que he dejado de ver, la infancia ida, todo y todos en la nebulosa dulce del recuerdo.

Lu