En tardes nostálgicas, como la de hoy, suelo recordar mis tiempos de niña, entonces regresa mi madre, con su voz hermosa, a cantar tangos, como en aquellos tiempos lindos, en que mi mayor responsabilidad era ser feliz y quizás cumplir a regañadientes mis obligaciones escolares.

Mi madre en la cocina, con su delantal pulcro, su pelo ondulado muy negro, ojos vivaces, menuda, canta alegre mientras prepara el almuerzo; yo y mis hermanos jugamos al amparo de su voz.

En sus últimos tiempos dejó de cantar, la enfermedad le gastó la voz y la vida, pero siempre, a pesar de todo, vi en su rostro la alegría de vivir.
Malena es tango, pura poesía y reminiscencias. Con él vuelve la voz amada y yo regreso a la infancia feliz.
Lu




Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.
Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón,
o acaso aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena,
só1o sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,
tus labios apretados como el rencor,
tus manos dos palomas que sienten frío,
tus venas tienen sangre de bandoneón.
Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan sobre el barro del callejón,
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada,
Malena tiene pena de bandoneón.


Versos de Homero Manzi

Música Lucio Demare