Tras publicar La Sagrada Familia, Hernán Millas recrea romances de conocidos personajes del siglo XX chileno en su nuevo libro, Grandes Amores. Historias que define como “relatos cercanos a lo sublime y al abismo”.


A su regreso a Chile María Luisa Bombal se aloja en el Hotel Crillón. “Al hojear los diarios sufre un estremecimiento. En páginas de Vida Social ve la foto de Eulogio Sánchez que regresa de Estados Unidos, de su luna de miel, con su nueva mujer. En los oídos de María Luisa –la amante despechada- retumban las palabras del galán: Mi esposa jamás en la vida aceptaría dejarme libre. Como sonámbula, luego de tomarse algunos cointreaux en el bar, sale a buscarlo”. Corría el 27 de agosto de 1941. María Luisa porta en su cartera una pequeña pistola y lo ve venir. “Lo llama y él apenas la mira”. Insiste “y él le responde con una leve insinuación de sacarse el sombrero sin detenerse… Ella desespera y empieza a descargar su arma…“.

Sánchez recibe cuatro impactos de bala, pero no muere. No presenta cargos contra la Bombal, quien a dos meses de la balacera es absuelta, estimándose que “actuó privada de la razón y del control de sus acciones”.



A más de 60 años, Hernán Millas se pregunta: “¿Pudo ser su existencia diferente de no haber conocido a Eulogio Sánchez?”. Nadie puede escapar a su destino, respondió la escritora cuando una amiga le preguntó.



El relato es uno de los diez que componen Grandes Amores. El Amor y Desamor de Pareja en la Historia de Chile, el nuevo libro de Millas (Santiago, 1921). El volumen recrea historias de conocidos personajes de la vida cultural, política y social chilena, desde Albertina Azócar y Pablo Neruda, Pedro Subercaseaux y Elvira Lyon, Sola Sierra y Waldo Pizarro, hasta Armando Uribe y Cecilia Echeverría. Historias que el periodista define como “relatos cercanos a lo sublime y al abismo”, encuentros decisivos que cambiaron la vida de uno y de otro”.



Ejercicio de la memoria


Tras La Sagrada Familia (2005), Millas decidió escribir sobre romances históricos locales. Seleccionó las historias, dejó fuera algunas muy conocidas (como el caso de Vicente Huidobro y Ximena Amunátegui), echó mano a sus archivos y realizó numerosas entrevistas. Así armó el texto que tiene como telón de fondo el siglo XX.



Usualmente no muestra los originales, pero esta vez hizo una excepción. “Mostré a Armando (Uribe) el capítulo suyo y emocionado me escribió que le honraría haber sido su autor”.


La historia de Uribe y Cecilia Echeverría es bien singular. El poeta vio por primera vez a su mujer en “una foto publicada en una revista. Tardó seis años en conocerla personalmente”. Pero una vez que se encontraron, no se separaron hasta la muerte de ella, el año 2001.


Otro amor cruzado de poesía fue el que unió a Pablo Neruda y Albertina Azócar, una de las musas de los Veinte Poemas. Su relación estuvo oculta por años y sólo se confirmó tras la muerte del vate. “Es posible que los amores juveniles hubiesen quedado en el misterio, a no mediar un rapaz sobrino que descubrió ese paquete de cartas y se los fue a entregar a (el abogado) Sergio Fernández”. ¿Por qué ese misterio? “Neruda no dejó su nombre, tal vez por respeto a su amigo el poeta Ángel Cruchaga Santa María, con quien ella se casó en 1936”, dice Millas.


Distinto fue el caso de Pablo de Rokha, quien “hojeando ejemplares en la única librería de Talca”, encuentra el libro de poemas Lo que me Dejó el Silencio. “No suelta sus páginas, como tampoco la vista de la foto de la autora”. Está tan decidido que le anuncia a sus padres: “Me voy a Santiago a casarme con ella”. Se trataba de Luisa Anabalón, después conocida como Winett.

FLECHAZO


En esta colección hay de todo. Están Pedro Subercaseaux y Elvira Lyon, quienes sellaron un juramento secreto a principios del siglo XX. “Se casaron por un tiempo –conservando la virginidad- y años después se separarían cada uno a un convento. Después de 13 años de matrimonio fingido, el Vaticano les otorga la dispensa”.


“El flechazo fue mutuo entre Sola Sierra y Waldo Pizarro”, miembros de las Juventudes Comunistas, relata Millas. Su historia es acaso una de las más trágicas. Tuvieron una vida plena hasta el 11 de septiembre de 1973. Pero tres años más tarde, Pizarro fue detenido y hasta hoy se encuentra desaparecido. El 1 de julio de 1999, un día antes de su muerte, Sola contó “que había tenido un sueño muy lindo: bailaba la cueca sola, pero de súbito aparecía su marido agitando su pañuelo”.


Mario Rodríguez – La Tercera Cultura. Letras/No Ficción.