EL DESTIERRO
Soñando con las aguas rizadas
y la tibieza del lecho
de un río lejano,
la piedra sigue la huella luminosa
del caracol.
Más allá le encuentra
absorto
sobre un libro abierto,
queriendo descifrar El Mundo Ancho y Ajeno.
El espiral y la peña solos
sin raíces en ninguna tierra
aúnan soledades como reos de la vida.
El gallo altanero
les vigila
y pasea su indolencia
al escuchar el murmullo
de los extraños
ensayando trasmutar el odio en amor,
a la espera del día
donde todo volverá a su sitio.
Las palabras van al aire,
no hay respuesta.
LOS QUE NO CANTAN
Junto a la piedra del amanecer
espero el soplo distinto
de los gallos.
En competencia con el reloj,
miran atentos
el lento transitar de los números
del cristal de cuarzo.
El operador del tiempo
titila
como si nada;
después de un guiño
a las cuatro menos uno
difunde un sonoro quiquirikí.
Me pregunto si lo hizo a propósito
para enmudecer la íntima vibración
del coro que abre el aire
cautivándome.
CUADROS DE NIÑOS
Los niños iraquíes
asomados al cielo de vidrios quebrados,
con medio cuerpo afuera
del marco vacío
tratan de imaginar el horizonte.
Sus enormes ojos
sólo ven las brumas de un mundo soterrado
y a un herido que brama
desangrado en lágrimas.
Estos rostros ocultos
bajo una máscara violeta
fingen una sonrisa.
Los desechos vivos,
hilvanados en el plan de la muerte
tienden sus brazos
en busca de un refugio que no encuentran.
Acurrucados en un charco sin salida
se balancean
al ritmo del desamor.
Beatriz Ortiz (Santiago, Chile)


Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones.
Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también.
Ya nos vemos!
Lu
Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú
Monedas - Armando Rubio
"Engominado, pulcro,
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera.
Y me arrodillo,
y me confieso, y me persigno,
y regreso a la calle
para comprar barquillos
con monedas hurtadas al abuelo."
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