RECORDANDO A EMMITA, una luz que nunca se apaga

Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor
es un sufrir…

Katana afirmada en la escoba conversaba con doña Juana, su vecina del Conventillo. Más comunicativa que de costumbre, producto de un buen trago de vino matapenquero –pal frío no más doña Juana- dejaba aflorar los recuerdos para hablar de su madre, de su viejita linda, de su mamita. De tantas layas la llamaba y cada palabra era una caricia póstuma regalada a su vieja.

Han transcurrido dos años de su partida y todavía está abierta la herida - ahhh doña Juanita, mi viejita está en el cielo, en esa estrella que brilla más que todas cada noche- de eso estoy segura.

Si viera como cantaba los tangos, con su voz delgadita tan afinada, era como escuchar a la mismísima Libertad Lamarque.

Mientras hacía el aseo, mientras cocinaba, cantaba y cada nota era un trino que resplandecía en la casa. Yo y mis hermanos crecimos al amparo de esos versos

Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez…

Si pudiera volver a escucharla, poner más atención a su canto y disfrutar nuevamente su risa espontánea y cristalina. No sabe usted Juanita linda como desearía retroceder el tiempo, se lo juro. Pero, mi vieja sabe cuanto la amé, decía Katana con los ojos brillantes haciendo pucheros.

Cartas viejas...
nadie sabe las historias
que aquí dentro hay encerradas
que jamás renacerán...

-Asi no más es la vida Katana, asi no más, con sus penas y alegrías-

–Cierto, la pura y santa verdad, la legal, Juanita, así no más es.

Sigamos barriendo mejor, que el tiempo vuela y mañana el Conventillo debe brillar pa’ celebrar el día de las madres como Dios manda.




Katana. www.espacioblog.com/el-conventillo