Abro un viejo cuaderno que saco de entre las pilas de libros que pernoctan en casa. Entre sus hojas encuentro una serie de poemas, míos, de amigos, de compañeros escritores; mis letras: ejercicios erráticos, furtivas mariposas en busca de extraños rumbos. Los de mis amigos, que en algún momento me los entregaron para disfrutarlos, sugerirlos o como simple intercambio literario: bellos, sentidos, irónicos, dolorosos como la vida misma.


Me parecen una bandada de palomas en busca del azul preclaro del universo. Da gusto releer, recordar, volver los ojos a esos caminos polvorientos del ayer.


La tinta verde algo desteñida, las hojas amarillentas, un olor a pasado me envuelve, la magia de lo ido, rico en experiencias, me agrada; los ecos de esa música de antaño guardan sueños, colores y lugares que no regresarán. Hojeo y reviso sin tristeza, porque el pasado es–no-olvido-, el caudal en que me apoyo para cada día construir un nuevo anhelo, un proyecto, una intención.


Cierro mi agenda, una puerta invita, rasguño el presente, el hoy no debe irse sin ser disfrutado en toda su magnitud, lo atrapo y lo vivo con sencillez y plenitud; mañana… mañana es un esquema, un pensamiento, una plan por concebir…. ya veré que acontece.

Lu