Contradicción

No se por qué me amargo, si ya han pasado tres años en que ambos nos sometimos a una cirugía de alma con la separación. No debiera importarme mucho lo que haces o dejas de hacer, pero diantre! A ratos me importa y no se por qué. Hastiados hasta decir basta después de 30 años compartiendo lo bueno, lo malo y lo más o menos, operarse, extirparse el uno del otro fue la solución. Después de la primavera, el frío y la oscuridad se instalaron en nuestra casa. Las palabras escasearon y el silencio estableció su propio diálogo. No era el mismo camino el que andábamos, llegamos al punto de la bifurcación y cada uno decidió.

Claro, 30 inviernos no se borran de una plumada. El duelo aún se vive, aunque no te lleve flores ni te recuerde los 1 de noviembre.

De ahora en más, lo prometo, me quito el luto del alma, me sirvo un trago, no a tu salud, sino a la mía y ya! Desarrugo el alma y miro el presente y que tu recuerdo descanse en paz. Amén.

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DISPAREJA

Ha pasado mucho tiempo.
Casi ha pasado sangre debajo de estas vigas
en una suerte de simbiosis patética
entre lo simplemente delicado y la decrepitud.

Hundidos en lo específico del matrimonio
no concebimos con inteligencia las dimensiones exactas
de esto que ocurría a diario:
el espacio

en blanco
que se instaló a vivir entre nosotros.

Ahondamos distancias en una misma casa.
Nos entregamos libremente al deterioro.
Nos agredimos con exquisita violencia
de palabra y de hecho cuando venía el caso.

Nuestros nombres murieron de frío:
quedaron plantados en el limbo de la reconciliación
y nos hemos llenado de fantasmas.

Aquí, frente a frente, más que nunca remotos
acusando sin piedad,
disputando a muerte el escenario los regalos de matrimonio,
discos y libros, tus canas y mis arrugas, la tutela del hijo,
las fotografías del último verano.

Me adeudas la juventud malograda en la cocina.
Algunas noches sin dormir para cuidarte
herido de otra guerra
las manos desgastadas en el roce cotidiano
multiplicando el pan
en la alquimia de la buena voluntad-
Y mi silencio en tus constantes tardanzas.

Y la fuente de lágrimas donde lavé pañales.
Hace tantos años.

Pero no es para tanto.
No te creas.
Esto que muestro no es dolor verdadero.
Son puras palabras.
Son puras palabras para decirte hasta nunca.
Yo me voy con la música a otra parte
a ver si allá en la muerte nos hallamos.

Teresa Calderón. Nacida en La Serena, Chile, 1955.

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