Algo más sobre Gabriela...

A esta mujer famosa, que nació un siglo después de la Revolución Francesa y no precisamente en París, en el fondo se la conoce poco. Se complacía en recordar: “Nací en Vicuña, Elqui… el 7 de abril de 1889 entre treinta cerros”. Ese cerco de montañas la hizo ser como ellas, encerrada, secreta, desconfiada de la gran llanura.

Gravita en su vida el misterio de la persona a la cual se le pintan muchas fisonomías, muchas identidades. ¡Qué de raro tiene si ella se autoatribuía muy diversas sangres: india, vasca, judía! ¿Las tuvo en realidad? ¿Fue efectivamente esa mujer a la cual le supusieron variados rostros? ¿El del amor al suicida; la enamorada de Cristo; la madre que no pudo ser, transfigurada en reina de las rondas; la eterna descontenta ante una sociedad olvidada de pobres, de niños con los pies morados de frío? ¿Quién fue? ¿La maestra rural? ¿La condenadora? ¿La que implora rugiendo? ¿La peregrina de muchas tierras? ¿La apasionada de la encina y de todas las flores?

Pasó por la existencia y continúa circulando por ella como una figura enigmática. A cien años de su nacimiento y a más de cuarenta de su muerte, sigue cargando todavía con un peso de incógnita.

En las escuelas su imagen es muy presentable: la madre de todos los hijos. Sus fotografías a ratos le conceden una salud de hierro, de campesina robusta y grandota, pero ella se quejó siempre de enfermedades y buscó alivio por el mundo. Elegía los consulados pensando en los climas benignos. Los prefería suaves, como de su Valle de Elqui.

De ella se ha dicho lo mejor y lo peor. Tiene fieles a su culto y detractores fanáticos, que en su tiempo trataron de escarbar en su biografía inédita y no dejaron de arrojarle puñados de barro. Vive en una especie de coma literario, lleno de muertes y resurrecciones. No pertenece a las alucinantes promociones de nuestro tiempo comercializado. No es un best-seller. Se mueve sin la soberbia y la arrogancia de los grandes tirajes. Se mantiene como esas corrientes ocultas que trabajan sin marketing, sin promoción, sin máquinas calculadoras, en una especie de tierra de nadie, alimentada sólo por el lento crecimiento de su propia semilla, ésa que para germinar exige capas profundas.

Gabriela Mistral Pública y Secreta. Volodia Teitelboim
4° Edición 2004 – Editorial Sudamericana