El individuo como universo en constante búsqueda. Un poeta que camina y desanda el vértice de la palabra. Lúdico caminante trastocando versos en la cuerda floja del asombro desde donde mira su vagabunda soledad.

Oración a María

Avemaría,
Postrada, derramada sobre el altar
mostrando tu corazón desnudo a los ojos hambrientos.
María, llena de gracia
atrápame en tus contornos santos y divinos
palpándonos en la humedad de la santificación.
Bendita eres,
bendita eres al moverte sinuosamente
afirmada de la testera luminosa
mientras con un rayo enciendes las pasiones.
Virgen Santa,
con tus movimientos cadenciosos me limpias de culpas
mientras estoy apoyado en tu encrespado regazo.
Santa María,
Nunca te niegas a que beba de tu cuerpo en sacrificio,
arrebatándome
Socavándome en el disfrute de mis culpas
hasta agotar los gemidos
de este infierno sabatista,
ahora y en la hora de mi muerte.
Que así sea.

Huesos

Antiguo acertijo que busca tejer el futuro
junto al destrozo y caos del azar.
Son el tendedero de putrefacciones,
impúdicos deseos,
lamidos exóticos
y sueños vagabundos entre zapatos y calzoncillos.
Atrapándome sin que pueda deshacerme y volar.
Anclándome a los otros sentidos que tirarán,
desde adentro,
esta maldita soledad.

Soborno a la Muerte

Moribundo tras la vidabundante lengua,
que sin un no sé,
va desesperanzándome antes de morir
sobre las ululantes y blanquecinas cunetas.
Esto no es un derroche de palabras en los lustrines del lenguaje,
es sólo un morir ondulante
hasta que los relentes salgan al encuentro
mezclándose con los látigos de las uñas.

Sin querer exagerar,
también es sólo tratar de huir
de los acordes peinados de la vida
antes que la muerte me alcance por detrás de las rodillas
y que susurrante muerda la clavícula,
se monte sobre mi ombligo
preñándome,
sin que yo lo quiera,
con estos desdichados símbolos
que luego se diluyen en las sombras de tus ojos.