
PAISAJE ATACAMEÑO
Un solitario molle sin desfallecer
carga sus raíces en la arena,
sirve de señal para no equivocarnos
el lugar en que estuvimos.
La noche se ubica con su enorme horizonte;
mientras, en el resbaladizo juego sudamos.
EVOCACIONES
Ese muro insoportable,
abre una única ventana con tres barrotes,
era julio, cuando me trajiste primavera.
Saboreo melancolías en el ancla de los recuerdos.
CONTENCIÓN
Una desvaída mancha de nubes
carga de tintas grises el horizonte.
El abrazo no es represa que contenga nada
y así, la soledad desborda.
CON EL LÁPIZ DE LA PENA
Al fondo, en esa miniatura
guardé melancolías y burlas.
Nadie pudo romper la cerradura del pequeño arcón,
mi aturdimiento fue mayor que el de niños y
mi sangre rayó las paredes nombrándote.
RECREACIÓN
Poco a poco, la memoria fue pintando tu fisonomía
y ese atavío que daba a tus rasgos y vestiduras
aire celeste de ternura, oprimió mi mirada.
De entre mis dedos las palabras soltaron sus aves
conteniendo sus alas el puerto abandonado,
la sirena de una nave rumbeaba los colores del recuerdo.
DESPEDIDA
No hay ligera sombra de nada, tormentas dolorosas
roen el sabor de las delicias al despedirnos.
La distancia mata el blanco lirio del recuerdo.
INTIMO
Ese momento en que leíste en mi pensamiento
recorriste la ciudad desconocida que habito,
sientes los sabores de sus calles húmedas
y el vino añejo de la historia que he vivido.
Después, dejé de ser la página en blanco
que nadie había deletreado.
LO INESPERADO
Llegaba a esa puerta, me dijeron
que el secreto eras tú,
esos ojos que me miran: son una sorpresa.
Al tenerte, ya no pude dormir.
Eduardo Díaz E. (Antofagasta - Chile)


Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones.
Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también.
Ya nos vemos!
Lu
Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú
Monedas - Armando Rubio
"Engominado, pulcro,
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera.
Y me arrodillo,
y me confieso, y me persigno,
y regreso a la calle
para comprar barquillos
con monedas hurtadas al abuelo."
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