Hay días especialmente tristes. Hoy un bandoneón dejó caer la última nota y el silencio ha elevado su bandera. Transita la nostalgia arrastrando su sombra al atardecer y yo enmudezco ante su paso arrogante y garboso.

Una comparsa de fantasmas, en su mudez, hace más grande las distancias. La vida no es siempre lo que uno desea. Hoy, por muchas razones, no cantan las aguas su canción más celeste.

Hace tiempo, en un viejo arrabal, dialogaba con una entrañable amiga de Mar del Plata y estando ambas entregadas a largos análisis sobre la vida y nuestro propio acontecer, me regaló la letra de este bello tango de Eladia Blázquez que hoy comparto con ustedes:

Sueño de barrilete

Desde chico ya tenía en el mirar
esa loca fantasía de soñar,
fue mi sueño de purrete
ser igual que un barrilete
que elevándose entre nubes
con un viento de esperanza, sube y sube.
Y crecí en ese mundo de ilusión,
y escuché sólo a mi propio corazón,
mas la vida no es juguete
y el lirismo es un billete sin valor.

Yo quise ser un barrilete
buscando altura en mi ideal,
tratando de explicarme que la vida es algo más
que un simple plato de comida.
Y he sido igual que un barrillete,
al que un mal viento puso fin,
no sé si me falló la fe, la voluntad,
o acaso fue que me faltó piolín.

En amores sólo tuve decepción,
regalé por no vender mi corazón,
hice versos olvidando
que la vida es sólo prosa dolorida
que va ahogando lo mejor
y abriendo heridas, ¡ay!, la vida.
Hoy me aterra este cansancio sin final,
se hizo trizas mi sonrisa mi ideal,
cuando miro un barrilete
me pregunto: ¿aquel purrete donde está?

Yo quise ser un barrilete
buscando altura en mi ideal,
tratando de explicarme que la vida es algo más
que un simple plato de comida.
Y he sido igual que un barrillete,
al que un mal viento puso fin,
no sé si me falló la fe, la voluntad,
o acaso fue que me faltó piolín.
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