María Wernicke nació un 2 de abril en Buenos Aires. No sabremos de qué año, tampoco importa. No hay edad en su manera de atraer y abrazar la vida. Es alguien capaz de convertir su propio acto de homenaje durante la Feria del Libro de Mar del Plata, en una parodia por la que desfilaron recuerdos familiares, maestras, próceres y absurdos poetas escolares. Alguien que transformó a los que estábamos presentes leyendo sus poemas. Alguien luminoso.
Ella relata:
“Yo sé cuándo comencé a vivir. Mi verdadero nacimiento en Buenos Aires es una imagen sin llantos, sin temores. Sucede en el momento en que me han dejado sentar en el umbral de mármol que tenían aquellas casas de los años treinta. Todavía no voy a la escuela: Llevo un vestidito de niñita buena y hay mucha luz en esa hora de la siesta, sobre la calle de un barrio de Flores, que era mi calle. De pronto, avanza un carro que se bambolea. Es el carro del vendedor de canastos, sillones, mesas de mimbre. Todo adornado con plumeros. El carro va lentamente. Y mirándolo resplandecer, brillar como si fuera de oro, pienso: “Algún día le contaré a la gente que yo vi pasar el carro donde iba el sol”. Esa imagen que se queda en mí mágicamente fue mi secreto, mi consigna y mi destino. El sol del carro del canastero sigue alumbrándome hasta que se pierda. O tal vez me espera. Porque nunca se ha apagado.”
En su poesía hay un fuerte rigor verbal. Detrás de esas palabras en apariencia simples, enlazadas con tanta cadencia y musicalidad, se esconde un gran trabajo de síntesis. Su lírica alterna entre la evocación y la nostalgia desde un plano suavemente melancólico, a veces irónico, nunca trágico.
Es autora, además, de canciones populares y de obras de teatro y fue conductora de programas radiales de gran audiencia. Acaba de presentar un CD con poemas y cuentos. Vive en Mar del Plata desde 1954. Todos la conocen aunque sus libros sean hoy, inhallables.
En poesía ha publicado:
“Los poemas del último año”- 1970- Fundación Argentina para la Poesía.
“Figuras”- 1972 - Ed. Alberto Burnichon.
“Antología de Poesía Contemporánea”, Tomo 1-1987- Fundación Argentina para la Poesía
“Estoy pensando en uvas”- 1987-. Ed Rafael de Armas.
“La Torre del Homenaje”- 1997- Ed. UNMdP
“Relicario Latino”- 2004- Ed Funalfa.
“La Palabra Desnuda” (audiolibro) – 2006- Ed Alsina.
Premios:
Fundación Argentina para la Poesía.- 1968.
Premio Alfonsina 1986
Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Mar del Plata - 1997
Premio Argentores -2006.
El inevitable
Me llevaba ventajas imposibles.
Una lista de cuerpos de mujeres
y otra lista peor:
la de las almas
de unos amigos de apellido justo
para cada destino sin remedio.
Y como había andado por pensiones,
contaba cosas de colchón desnudo
hazañas de solapas levantadas
un prontuario de frío,
varios días
de estar viviendo sin dormir,
despierto.
Me ganaba de entrada y desde siempre.
Porque escondía algo no explicado,
escondía una hoja de cuaderno,
y era tal vez un nombre inolvidable
o apenas el dibujo de una mancha
de algún empapelado
en las paredes
que le habían gustado por dos horas.
de “Estoy pensando en uvas”
Amelia
I
Cuando habla Amelia, entra por los postigos
una niña peinada con cintas transparentes.
Amelia, la que comenzó hace años,
vivía en una casa en el Oeste.
Por la tarde dormía bajo techos tan altos
o pisaba descalza las baldosas lavadas.
Cuando habla Amelia,
las que no tienen nada que recordar
recuerdan aquella casa en el oeste
y bajan a los ríos de los patios
que en la casa de Amelia corren interminables.
Amelia es ésta a la que prefieren los más jóvenes
porque debajo de su pelo lluvioso hay un silencio
donde pueden nombrar sus amadas imposibles.
las de pequeños pechos sólo conocidos
por el agua más limpia.
II
Un soldado del Sur, que la acariciaba
como a la lana más suavemente sucia.
Un borracho que masticaba terrones de azúcar
y dibujaba las palabras de Dios en el techo.
Aquél que estaba cruzado
por una cicatriz fosforescente.
Aquél que se hundía y pesaba como un muerto.
Aquél que guardaba bajo la camisa
las costillas visibles.
Y el que hablaba sin ser comprendido
porque era extranjero.
Y el que llamaba a su madre
porque nunca la había conocido.
Y el que cantaba, levantando un brazo,
y lloraba, y volvía a cantar, así toda la tarde.
VII
Una cautelosa madre vengativa
se abre hacia adentro.
Alrededor del que sonríe desnudo,
otra vez nacido para la muerte.
Amelia está pensando en esas playas
a la que son devueltos los ahogados.
XI
Hay unos lejanísimos árboles
que ya no verás, Amelia.
Debajo de sus hojas interminables
nuevas muchachas arquean tu antiguo cuerpo
y ponen tus ojos en sus miradas.
Alégrate de haber sido sustituida.
Alégrate del saqueo y la pobreza.
Alégrate porque te han roído tus pechos puntiagudos.
Esta noche dormirás, vigilada
por el ramaje de tus viejos ángeles.
Y la muerte sonreirá entre tus piernas
como el mejor de tus hombres olvidados.
********
Nos gustaba el pan
comido a besos
Los libros releídos
beso a beso.
Las calles caminadas
beso a beso.
Desde lejos nos vieron
porque nos escondimos.
Y las feas mujeres señalaban:
allí van esos dos.
Tapen a los niños.
Que los niños no vean
que puede caminarse
beso a beso.
Tapen a los que están
para siempre casados.
Que no vean
que el pan puede comerse
beso a beso.
Tapen a los que leen
con la nuca inclinada.
Allí van esos dos
leyendo un ángel.
Van a tener un mal fin
pero entretanto
que nadie salga.
Han inventado un modo del amor
y todo el cielo se les vuelve limpia
sábana en que se miran
beso a beso
Tapen a los que están
en una cama.
********
Amor mío, perdido.
Me has regalado un delantal de grises.
Una pared tan alta en penitencia.
Me has regalado una manzana rota.
Un juguete tan triste.
Amor mío
el olvido.
La Loca
Cubierta de hojas secas
va repartiendo carne entre los gatos
y vuelve a los rincones donde sólo se duerme.
La sonrisa que vuela de su cara enjaulada
asusta a las mujeres.
A las que miden con abnegación
tanta sal, tanto fuego,
para después tenderse
y ser recompensadas.
de “Poemas del último año”
Mailena Martínez Crovetto. Mar del Plata - Argentina.


Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones.
Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también.
Ya nos vemos!
Lu
Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú
Monedas - Armando Rubio
"Engominado, pulcro,
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera.
Y me arrodillo,
y me confieso, y me persigno,
y regreso a la calle
para comprar barquillos
con monedas hurtadas al abuelo."
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Maile, ha sido muy grato recibir tu colaboración. Agradezco tu prolijo e interesante artículo. Desde este, mi rincón, te mando un abrazo y mi afecto. Espero verte.
Nada que agradecer, Lu, es muy placentero para mí el hacer conocer de tu mano, esa otra poesía, la poco difundida, la que no accede a las editoriales, tal vez porque están ocupados publicando siempre a los mismos. Cariños y hasta la próxima