En el confín de tus lágrimas se aloja un gran dolor. Paloma ciega, que a tientas buscas el sutil soneto de la vida. El llanto se hace espina que cae en cascadas hacia mares desolados, porque la muerte vino sin aviso, cruda, repentina, alzó su mano seca y contundente como una roca. De la prontitud de un abrazo doliente, nada queda. Amigos, seres, que afanosamente hablan de consuelo, vocablo que pierde todo sentido en el minuto de la muerte. El tiempo, sólo el tiempo, enternece y regula la cuchillada artera, la gran pérdida será arroyo lejano, que trocará tristezas por canto de hojas secas.

Lu