DE FOTOS BOCA ABAJO...

Fue así:
apareció distraído a golpear mi puerta
mientras yo
andaba cortando las hilachas de una historia
deslucida y varias veces remendada.
Y lo dejé pasar, debo decir,
sin entusiasmo.
Hablamos,
tal vez una o mil palabras,
y nos confundimos
en un dos por cuatro de añoranzas.
Yo no pensaba en nada
o a mi modo habitual, pensaba y no quería.
La cosa es que, en algún momento,
entró a mis huesos
y rodó, de mis dientes
a mi lengua.
El seguía distraído
y yo, sospechaba mi entusiasmo.
No sé cuándo fue que abrió la puerta
y salió,
arrastrando su suerte cotidiana, no sé si
algo me dijo o simplemente, fue una sombra más
entre tantas de la calle.
Lo que sí puedo asegurarles
es que hay días azulados que lo encuentran,
todavía distraído, caminando
por mis huesos, mis dientes y mi lengua.

Mailena Martínez